La fístula anal es un proceso infeccioso generalmente crónico que se origina en las glándulas anales. Son temidas por los pacientes y proctólogos por su tendencia a recidivar, precisándose en ocasiones varias intervenciones quirúrgicas y originando episodios contínuos de inflamación y dolor anal con supuración. Las fístulas anales con frecuencia se preceden de infecciones agudas perianales (abscesos perianales) y afectan con mayor frecuencia a varones de edad media.

Es muy importante el diagnóstico anatómico correcto de la fístula anal y su relación con los esfínteres anales, dado que estos son uno de los factores más importantes para la continencia de las heces. Esta relación determina la complejidad de la fístula, condiciona el tratamiento quirúrgico y nos predice la probabilidad de curación o recidiva de las distintas técnicas quirúrgicas.

Las fístulas simples que no comprometen el aparato esfinteriano pueden erradicarse completamente y de forma segura con una sola intervención quirúrgica, preservando los esfínteres, con ingreso de corta estancia, anestesia epidural y un aceptable tiempo de recuperación, dado que las heridas de la fistulotomía o fistulectomía quedan abiertas para cicatrizar lentamente. La recidiva es escasa y las complicaciones en forma de incontinencia fecal excepcionales en pacientes sin factores de riesgo añadidos.

Las fístulas complejas, con múltiples trayectos o que comprometen el aparato esfinteriano deben ser siempre valorada y tratadas por un proctólogo experto. Su índice de recidiva y complicaciones graves puede ser muy alto. Actualmente es obligado un diagnóstico anatómico correcto de los trayectos con exploración minuciosa y ecografía endoanal. Minimizamos la agresión quirúrgica sobre los esfínteres fraccionando el procedimiento en dos o más intervenciones. En un primer tiempo se dejan drenajes contínuos laxos (seton). En un segundo tiempo se sella la fístula con distintos procedimientos entre los que destacamos el uso de tapones-malla reabsorbibles o la terapia con laser (FILAC).

 

Introducción
Definición
Causas

Población de riesgo. ¿A quién afecta con más frecuencia?

Al ser una patología en ocasiones silente o poca sintomática puede afectar a un procentaje de la población que no demanda asistencia. Prevalencia alta. Las fístulas de ano aparecen con más frecuencia en varones y en edades comprendidas entre 20 y 60 años.

 

Absceso anal
Clínica

Diagnóstico diferencial. ¿Se parece clínicamente a otras patologías del canal anal?

– Fístula anal: Supuración crónica e indolora.

– Absceso anal: Dolor agudo y tumefacción. La supuración alivia el dolor.

– Fisura anal: Dolor muy intenso. Sangrado escaso.

– Hemorroides: Sangrado rectal y picor (prurito)

 

Clasificación. Tipos de fístulas
Valoración diagnóstica
Evolución natural
Tratamiento médico

Tratamiento tópico. ¿Son útiles las típicas cremas para alivio sintomático hemorroidal?

Sólo se han demostrado útiles los geles rectales con ácido hialurónico para síntesis de colágeno, el resto de pomadas sólo alivian parcialmente la sintomatología sin resolver el problema infeccioso. Estos geles con un uso continuado fortalecen y preparan los tejidos para tener una mejor respuesta a la agresión quirúrgica al favorecer la cicatrización.

 

fistura_tratamiento_tópico.

Fístula anal – Tratamiento tópico

 

Tratamiento quirúrgico
Técnicas quirúrgica fístulas simples
Técnicas quirúrgicas fístulas complejas

Conclusiones:

– El tratamiento antibiótico no cura la fístula anal. Sólo debe usarse como complemento terapeútico o profilaxis en situaciones especiales.

– Hay gran complejidad y variabilidad en la fístula anal lo que dificulta la decisión terapeútica.

– Es necesario un preciso diagnóstico topográfico preoperatorio de la fístula anal.

– No hay una intervención quirúrgica idónea para todas las fístulas, es importante la valoración individual del paciente, la topografía de la fístula y los factores de riesgo que incrementan las complicaciones en forma de recidiva o incontinencia.

– ¡Mejor varias cirugías que alguna incontinencia fecal!

– Necesaria dar al paciente buena información para la decisión de la técnica operatoria, balanceando el número de cirugías, la morbilidad, la recidiva y el riesgo de incontinencia.

– Necesario tratamiento individualizado y por coloproctólogo experto.